miércoles, 5 de agosto de 2015

VERDAD




















Esta verdad, su máscara de mármol,
proyecta colinas
donde gimen ángeles caídos.

Me disperso,
como brizna de pasión a la deriva,
intentando verter ilusión
en restos de naufragios.

A veces, imagino una senda
dibujando un beso
junto al puente que no podré cruzar,
y un soplo rebelde asoma
por los ojos cerrados de la vida.

Roquedales de bruma:
dejad de acariciar mi frente.

No supláis los dedos del amante
que aún juguetean
en la sombra azul de la memoria.
No cortéis el fulgor de mi aura
con los filos de vuestra insistencia.

Dejad cantar al ruiseñor
que hace nidos de espinas en mi pecho.




CORTEJO

















Voy tras el cortejo
que enlaza pedernales
y los enternece,
como nudo de seda
que no esclaviza.

Cada gota
de sándalo que fluye
-sin alharacas-
me llena de imágenes
fantásticas,
que sólo el anhelo forja.

Hago
malabares con la niebla.
Me reclamo en pasos
lejanos a mi piel.

Elijo
estambres de mudanzas,
a flor de luna,
recreando un éxtasis
bello, artificial.

Espectros de rosas
degusto con ahínco,
perdida en ti,

perdida en mí.
















CAMINAR

















Caminar
por los cuatro puntos cardinales,
recogiendo huellas borradas,
a un paso del ciclo amarillo.

No se mueve la voluntad de la tierra
por urdir estrategias para sanar
el declive obtuso,
empapado con  entrega anónima.

Hacia delante, un muro de piedras
contiene la tormenta que estalla
en labios cansados de mirar lo mismo,
fanáticos de horizontes.

Aquí, sobran frases
conquistas
y abalorios
que adornen el no retorno.

En la fuente que mana delirios
oxidados con ayeres,
podría aparecer un destello
y vibrar en mis iris de nadie.